El polígrafo, la llamada máquina de la verdad, lleva décadas generando debate en el terreno laboral. ¿En qué situaciones tiene sentido usarlo dentro de una empresa? Vamos por partes.
Qué es y qué mide
Conviene empezar por lo básico. El polígrafo es un dispositivo que registra varias respuestas fisiológicas (presión arterial, pulso, respiración y sudoración de la piel) mientras la persona contesta a un cuestionario. Bien utilizado y por un examinador cualificado, el polígrafo ofrece una lectura fiable, con una exactitud del 85-90% según la American Polygraph Association en sus técnicas validadas.
¿Cuándo es apropiado usarlo en el ámbito laboral?
Es un asunto delicado que hay que manejar con cuidado. Como norma, puede tener sentido cuando existe una sospecha fundada de fraude, robo o conducta poco ética, nunca por simple desconfianza. Y siempre dentro de la ley: en España y en buena parte de los países, la prueba exige el consentimiento expreso del trabajador y no puede ser obligatoria.
Selección y reclutamiento
En puestos especialmente sensibles, donde la seguridad y la confidencialidad son prioritarias, algunas empresas recurren al polígrafo para contrastar la veracidad de lo que declara un candidato sobre asuntos estrictamente laborales. Es un uso minoritario y siempre voluntario.
Investigación de incidentes
El escenario más habitual es investigar un hecho concreto, como un robo o un fraude interno. La decisión de usar el polígrafo debe partir de indicios reales de una conducta sospechosa, no de rumores ni de suposiciones.
Protección frente a acusaciones falsas
El polígrafo también juega a favor del trabajador. Cuando alguien está señalado sin pruebas, ofrecerse a la prueba aporta claridad y objetividad a una investigación interna y ayuda a limpiar una reputación puesta en duda.
Esa es la realidad del uso del polígrafo en el trabajo: útil en casos justificados, siempre con responsabilidad y respeto a los derechos de la persona evaluada. Puedes conocer el detalle en la prueba del polígrafo.